martes, 18 de febrero de 2025

Valderredible: Introducción a su flora y geología

El “Val de ripa Ibre” tiene una extensión de 294 Km cuadrados, por lo que es el municipio más grande de Cantabria. Sus altitudes oscilan entre los 675 m y los 1289 m del pico Bigüenzo. Montecillo es su pueblo más meridional; mientras por el sudoeste el más extremo es San Andrés de Valdelomar, que da paso a Palencia, y por el sudeste Villaescusa de Ebro, para pasar a Burgos. Los situados más al norte, Allén del Hoyo y su vecino Renedo de Bricia, también dan paso a la provincia de Burgos.

Geológicamente, el Valle posee materiales sedimentarios cretácicos que dan principalmente suelos ácidos en el oeste y básicos en el este, estando representados la mayoría de estos tipos de rocas: arcillosas, areniscas, conglomerados, calizas, margas y tobas. Hay también materiales más actuales, como las terrazas fluviales e incluso antiguos meandros abandonados ya por la erosión fluvial.

La vegetación se ajusta a ello, con el bosque de rebollos o melojos y sus etapas de sustitución más dominantes hacia el oeste y los quejigares o robledales enciniegos al sudeste. Además, hay hayedos en laderas umbrías del Páramo de La Lora y encinares en ambos páramos, Lora y Bricia. Los ríos y arroyos Panero, Mardancho, Romero, San Clemente, etc., desembocan en el Ebro, cuyas orillas están revestidas por un bosque de ribera, con sauces, alisos, chopos, olmos, fresnos, durillos, etc.

Por el oeste, en ocasiones, el rebollar es sustituido por brezales, con el brezo de flores rojas y grandes Erica australis, de floración precoz, ya en febrero, y Erica umbellata, que tiene aquí su única población en Cantabria, al igual que la compuesta Aster aragonensis. Por su parte, en el este destacan las sabinas negrales (Juniperus phoenicea), con los ejemplares más noroccidentales de España, que cuelgan de los roquedos del Páramo de la Lora, aquí en su límite de distribución mundial.



Peña Camesía con sus calizas en la cima y las arenas blancas de la formación Utrillas en la ladera.


Haya junto a la Peña Camesía, manteniendo sus hojas marrones en invierno.


Gayuba con enebro, al borde del páramo.


Aspecto invernal de la gramínea Sesleria argentea, en las laderas de Peña Camesía.



Aulaga (Genista scorpius) y hojas de quejigo (Quercus faginea). Foto realizada a la salida de Villota de Elines un día de invierno, a -4,5 ºC, 


Cascada de El Tobazo y valle fluvial en forma de uve, a la salida del río Ebro de Valderredible.



Sabina negral (Juniperus phoenicea) colgando del páramo de La Lora.


Detalle de las hojas y los frutos maduros marrones de la sabina negral.


Grosellero espinoso (Ribes uva crispa), denominado ráspano en algunas partes del valle, junto al Ebro.


Erica australis, el brezo de floración más temprana, típico de las zonas ácidas del valle.









jueves, 2 de enero de 2025

Ramales: Flora y vegetación

“Dicen los viejos que en este lugar hubo una guerra…”

En Guardamino una placa recuerda el final del conflicto carlista en este lugar.

Este lugar tiene un paisaje marcado por su geología y su vegetación.

Respecto a la geología, los materiales más antiguos del municipio afloran en Gibaja y proceden del Triásico. Son arcillas con yesos de la llamada facies Keuper; incluso hubo en el citado pueblo una explotación conocida como La Yesera.

Entre Gibaja y Ramales, materiales jurásicos suaves a la erosión, como las limolitas y arcillas de la llamada facies Weald permiten la formación de una llanura baja, aunque afloran estratos de arenisca del cretácico inferior, con nódulos de hierro, a la orilla del río Asón, cerca de donde la carretera y el tren lo atraviesan.

Sobre la llanura de los núcleos urbanos principales destacan las moles de caliza cretácica del Pico San Vicente -final por el este de la sierra de Hornijo-, los Picos del Moro y del Carlista, la peña de Gibaja o la sierra de Alcomba.

Hay terrazas fluviales, como las que se aprecian en la zona del Salto del Oso y la del río Calera, bajo La Pared, que indican el antiguo nivel de los ríos, por encima del actual.

Varios ríos convergen en Ramales:

El Asón, que viene desde el oeste -Arredondo- de donde va pa...Riba de Ruesga y luego  llega a Ramales, donde cambia hacia el norte, tras desaparecer ya la calcárea sierra de Alcomba.

El Gándara, que viene del Valle de Soba, entrando por un desfiladero de laderas ocupadas por encinar.

El Calera proviene de la zona vasca de Lanestosa y el puerto de Los Tornos, entrando en Ramales bajo La Pared, entorno bien conocido por los alpinistas, en las cercanías de la cueva Covalanas.

El  Carranza, que viene de ese valle vizcaíno.

El Iseña que nace de una fuente en el propio Ramales.

El Pinganete, de las laderas sobre Gibaja que limitan con Rasines.

Las formaciones boscosas más extensas en el municipio son los encinares de (Quercus ilex ilex) que colonizan las rocas calizas, acompañados siempre de su cortejo florístico formado principalmente por carrasquillas (Rhamnus alaternus), agracios (Phyllirea latifolia), albortos (Arbutus unedo) y otras menos abundantes como perales de monte (Sorbus torminalis) o su pariente el mostajo (Sorbus aria). De este a oeste el encinar bajo la peña del Mazo se extiende por el valle del Silencio, bajo la peña del Moro, y bordea y cubre el monte Pando hasta alcanzar las cuevas de Covalanas y Cullalvera, ya muy cerca del centro del pueblo. Continuando hacia el oeste, e interrumpida la continuidad por la brecha que forman los ríos Calera y Gándara, se extiende el monte Cucurío que conecta con el encinar de Ruesga y llega hasta las localidades vecinas de Valle y Lastras. En sus bordes encontramos, en pequeñas franjas o formando pequeños rodales, el bosque mixto atlántico propio del clima del lugar, con sus robles, castaños, arces (Acer campestre), espinos (Crataegus monogyna), avellanos (Corylus avellana), además de algunas hayas (Fagus sylvatica) y abedules (Betula pendula).

Inmersos en estos dos tipos de bosques, de forma aislada, suelen aparecer ejemplares añejos de algunas especies como robles (Quercus robur), castaños (Castanea sativa) o cerezos (Prunus avium), que denotan con sus rasgos su patente longevidad. Algunas de estas características son su gran perímetro a 1,30 metros del suelo; las oquedades, producto de la caída de ramas, donde se crean microhábitats cuando hay agua en el agujero; la presencia de otras especies vegetales viviendo sobre el árbol, caso de helechos (Polipodium vulgare), musgos, líquenes, hongos. O el hogar de otras especies animales, mamíferos como las ardillas, las ginetas o los murciélagos, aves como los pájaros carpinteros y rapaces nocturnas como los cárabos o roedores como los lirones caretos. Estos árboles son reservorios de biodiversidad creando muchos microhábitats en un sólo individuo.

Sus ubicaciones suelen estar en zonas hoy en día poco transitadas alejadas de los numerosos senderos que en estos momentos discurren por el corazón de estos bosques. Aunque también quedan testimonios más cercanos en barrios como Vegacorredor que cuenta con casi una docena de castaños supervivientes de varios siglos de historia.

En Gibaja una senda sigue el río Asón hacia el sudeste, con pasos de plataformas excavados en las rocas y una antigua caseta de un transbordador para cruzar el río.

El bosque de ribera de la senda presenta una amplia diversidad. Y entre las especies leñosas y trepadoras del mismo están:

Alisos, avellanos,  sauces (Salix atrocinerea y Salix eleagnus), plátanos de sombra (Platanus hispanica), robles cagigas, robles rojos americanos (Quercus rubra), algunos con hojas muy grandes, de hasta 26 cm de longitud, castaños comunes, arraclanes (Frangula alnus), cornejos, madroños, brezos (Erica vagans), tojos, mentironeras (Viburnum lantana), labiérnagos (Phyllirea media), fresnos (Fraxinus excelsior), aligustres europeos (Ligustrum vulgare), aligustres japoneses (Ligustrum lucidum), higueras (Ficus carica), tilos, robinias  ruscos, zarzaparrillas, hierbas lapa (Rubia peregrina), zarzamoras de 3 folíolos (Rubus caesius), escaramujos perennes (Rosa sempervirens), madreselvas (Lonicera peryclimenum), clematides (Clematis vitalba) y vezas (Vicia sepium).

Entre las herbáceas nemorales del bosque fluvial:

Crepis lampsanoides, canabinas (Eupatorium cannabinum), varas de oro (Solidago virgaurea), Senecio aquaticus, parracas (Picris hieracoides) y la rupícola margarita mejicana (Erigeron karvinskianus) completan la familia de las compuestas o asteráceas.

Además: lechetreznas de bosque (Euphorbia amygdaloides), hierbas ballesteras (Helleborus viridis) y nautias (Knautia sylvatica), con sus hojas opuestas, enteras e inflorescencias de  flores azules  de cuatro pétalos, uno de los cuales es más pequeño que los demás. La familia de la zanahoria cuenta con angélicas (Angelica sylvestris), conopodios (Conopodium pyrenaeum), con pocas hojas en los tallos y varias brácteas lineares bajo las umbelas florales, y Pimpinella major, sin brácteas. No hay que olvidarse de las rosáceas, como maetas o fresas silvestres (Fragaria vesca), fresas falsas (Potentilla sterilis), tormentillas (Potentilla erecta), agrimonias (Agrimonia eupatoria), sanamundas (Geum urbanum) y reinas de los prados (Filipendula ulmaria), cuyas flores, si se frotan, huele mucho a aspirina.

Labiadas como oréganos (Origanum vulgare), betónicas (Stachys officinalis) y calamintas (Calamintha sylvatica).

Helechos como píjaras radicantes (Woodwardia radicans), antojiles (Osmunda regalis), Asplenium billotii, especie rara en Cantabria, culantrillos negros (Asplenium onopteris), lenguas  de ciervo (Phyllitis scolopendrium), fentas (Blechnum spicant), cabellos de Venus (Adiantum capillus-veneris), helechos hembra (Athyrium filix-femina), helechos macho (Dryopteris affinis), helecho de robledal (Dryopteris dilatata), píjaro (Polystichum setiferum).

Las orillas del río Gándara a su paso por el Salto del Oso están ocupadas por muchas especies asilvestradas: Leycesteria formosa, Muehlenbeckia complexa, Reynoutria japonica, Trachycarpus fortunei,…, pero aguas abajo se llega a un bosque de ribera sin especies extranjeras pero con especies autóctonas escasas en Cantabria como Hypericum hirsutum y Angelica major.

El Carranza en Gibaja tiene la población más baja y norteña de Cantabria del sauce de hojas opuestas (Salix purpurea), como también lo deben ser los Hieracium murorum de Pondra.

Los prados cercanos al río Asón muestran poblaciones de Lamium album y algunos roquedos del raro Sedum cepaea. Otras rupícolas de interés son los alhelís silvestres (Erysimum duriei), Campanula rotundifolia, Seseli libanotis, Scabiosa columbaria y Saxifraga trifurcata del entorno de las Covalanas.


Lamium album


La ortiga muerta blanca (Lamium album) está presente en dos praderas de Ramales, casi las únicas de Cantabria y el País Vasco. Se diferencia de su pariente Lamium maculatum, mucho más abundante, aparte de por el color de la flor, porque la corola del primero tiene su tubo algo curvado en la base, formando una gibosidad; y sus bractéolas mayores, de 2-5 mm, mientras que  en L. maculatum no pasan de 1´5 mm.


Sedum cepaea


Un matorral calcáreo dominado por Genista hispanica, madroño y escobizo de pastor (Doricnium pentaphyllum) puede ser  vecino de los encinares, en los que se asientan,  enebros (Juniperus communis) y pudios (Rhamnus alpina).

En la zona del  barrio San Vicente, y a la sombra del Pico del mismo nombre, un encinar de grandes ejemplares contacta con un castañar con abedules, sin que haya aquí prácticamente robles.

En la zona llamada de La Sierra, al norte de Ramales, la fenología es un tanto cambiante: las aguileñas (Aquilegia vulgaris) florecen hasta noviembre y los narcisos (Narcissus pseudonarcissus) abren sus flores desde diciembre.

 

Aquilegia vulgaris

Grandes gramíneas están presentes en el municipio, algunas rupícolas como Sesleria argentea y Helictotrichum cantabricum y otras nemorales como Festuca gigantea.


Sesleria argentea


Helictotrichon cantabricum

El hayedo de la ladera del Pico del Moro muestra su suelo de fuerte pendiente lleno del color marrón de las hojas caídas del haya, aunque arriba aún queden hojas verdes en los árboles entre sus puntiagudas yemas. Sobre las hojas caídas se observa crecimiento de otras especies, como tejos, torviscos laureolados (Daphne laureola), lechetreznas de bosque (Euphorbia amygdaloides), ballesteras (Helleborus viridis), abundantes hiedras, labiérnagos, procedentes del vecino encinar, y aros, o mejor dicho aro…; de momento sólo hemos encontrado un ejemplar de la especie Arum maculatum; sin embargo, las praderas de las orillas del río Gándara están llenas del parecido Arum italicum, con sus hojas normalmente más anchas, frecuentemente marcadas por nervios blancos y  con aurículas más profundas.


Arum maculatum

Sotobosque del hayedo

En el Pico del Moro, la máxima altura del municipio, con sus 850 m. se pueden ver los pisos de vegetación:

­          matorral de Genista hispanica y grandes macollas de Helictotrichon cantabricum.

­          avellanedas kársticas

­          hayedo

­          encinar

­          pinar de Pinus radiata

­          prados

­          bosque de ribera del río Calera

Entre las macollas de la gramínea Helictotrichon cantabricum aparece casi en la cima y al empezar el invierno Pimpinella tragium, con hojas, flores blancas y frutos. Las umbelíferas nos han sorprendido en la zona: abajo en Rasines a la orilla del río del Silencio, entre las variables Angelica sylvestris, aparece la extraña en Cantabria Aethusa cynapium con sus típicas brácteas.


Pimpinella tragium


Macollas de la gramínea Helictotrichon cantabricum en la Peña del Moro.


Entre las plantas cultivadas, destacar las dos especies del género Campsis, de la familia de las catalpas (Bignoniáceas), la hortensia trepadora (Hydrangea petiolaris) y, por supuesto, las coníferas: Sequoia sempervirens, Araucaria araucana, Abies pinsapo, Abies alba, Picea abies, con su curiosa alineación en el inicio de la carretera a Traveseo, Pinus sylvestris, Pinus strobus,…

“Y hay dos Españas que …ya no…guardan aún el rencor de viejas deudas” 

Texto y fotografías: Gonzalo Valdeolivas, Cristina Cano, Javier Goñi. Con la colaboración de Alfonso Ceballos, Jesús García, José Ramón Mira, Antonio Regañón y Ángel Suárez.

lunes, 21 de octubre de 2024

El monte Endino: sus rosáceas y otras especies

Los conglomerados triásicos del monte Endino alcanzan los 1548 m en su cumbre y están limitados por dos carreteras que lo cruzan de norte a sur: una, al oeste, va de Espinilla (Campoo de Suso) a Brañosera (Palencia), donde se estableció el primer ayuntamiento de España, pasando el Collado de Somahoz, de 1240 m de altitud, al pie mismo de la cima del Endino; la otra, al este, sube del pueblo de Villaescusa (Campoo de Enmedio) al puerto del Bardal, de 1120 m de altitud, de donde sale senderizada una ruta de subida al Endino.

Otras dos carreteras lo cruzan al norte y sur, respectivamente: la de Izara a Suano y Población de Suso, saliendo a la ladera norte del Collado de Somahoz; y la de la cima del propio Collado de Somahoz a Mata de Hoz (Valdeolea) y al río Camesa, indicando que esta zona suroeste de Cantabria vierte sus aguas al Duero.

En la cima del puerto del Bardal, donde se inicia la senda, a finales de verano una gramínea de más de 1 m de altura forma una población que relaciona la botánica con la medicina, pues se trata de la grama de las boticas (Elymus repens), con sus espiguillas de varias flores saliendo directamente del eje de la inflorescencia, al que apunta la parte ancha de la espiguilla y no su borde.


Elymus repens


La senda se inicia con el bosque de robles enfrente, que nos acompañará hasta los 1400 m de altitud y un brezal-pastizal en su borde. Aquí el anuncio del otoño lo hacen las flores azules de la Scilla autumnalis.

El robledal aparece dominado por roble albar (Quercus petraea) y su híbrido con el roble cajigo (Q. robur), llamado Quercus x rosacea.

Además, aparecen hayas, avellanos, abedules, sobre todo jóvenes, serbales de cazadores, mostajos, arraclanes y acebos.  Los perales silvestres (Pyrus cordata) se les ve regenerando en el brezal. Escobas (Genista florida), de hojas simples y agallas numerosas, y brezos arbóreos (Erica arborea) salpican los bordes del bosque sin formar escobonales típicos de sustitución del bosque, siendo también frecuentes los arándanos o raspanos (Vaccinium myrtillus).

La vara de oro (Solidago virgaaurea) se comporta aquí como nemoral, carácter también de la umbelífera Physospermum cornubiense.

Los grandes hormigueros de Formica rufa se pueden ver a la entrada al bosque y plantas como el Teucrium scorodonia o el halimio de hoja ancha (Halimium alyssoides) gustan de acercarse a las construcciones de las sociales hormigas.


Conglomerado triásico, con brezos y Halimium alyssoides

A los 1400 m de altitud, la senda llega a un cruce con indicaciones: se puede bajar a Olea, a 3 Km, o seguir subiendo hacia el Endino, a 1,7 km. Aquí acaba el bosque. Los típicos robles híbridos (Quercus x rosacea) tienen hojas de, por ejemplo, 11,2 cm de longitud, con pecíolo de 8 mm, pequeñitas orejuelas en la base del limbo y casi glabras en el envés. Las yemas son pardo-rojizas, de unos 3 mm, en la base de los pecíolos. Algunos ejemplares, como separados de la masa principal, poseen hojas menores, de unos 6,5 cm y pecíolos de 5 mm, con orejuelas en la base del limbo, pudiendo ser Quercus orocantabrica.


Diferencias en las hojas de diversos ejemplares de Quercus


El brezal de borde del bosque posee especies como Erica cinerea, E. vagans, Daboecia cantabrica, Ulex gallii, Halimium alyssoides, Eryngium campestre y Serratula tinctoria, siendo abundantes los saltamontes Oedemera y Tettigonia.


Brezal camino de la cumbre del Endino

Desde el pueblo de Izara, una pista sube al monte Tabla, en la ladera norte del Endino, al principio atravesando un brezal y llegando a un bosque de abedules y hayas, también con robles híbridos, arbustos como el Viburnum opulus, de hojas lobuladas, y grandes herbáceas como Laserpitium latifolium, de frutos alados. 


Viburnum opulus

A partir de ahora se añaden Calluna vulgaris, Gentiana lutea y Potentilla erecta, mientras las quitameriendas (Merendera pyrenaica), con sus 6 estambres y 3 estilos, parece aumentar de densidad y asomarse casi a los riscos del norte, donde llega un hayedo.


Merendera pyrenaica

Hayedo cerca de la cumbre del Endino

Pero hay que destacar, en la entrada al bosque, el escaramujo Rosa caesia, con sus frutos rojos de sépalos persistentes y erectos, pedúnculos con glándulas y folíolos sin glándulas y con tomento por el envés, con el final de 3,8 x 2 cm y estípulas de 14 mm glandulares.  Otras rosas silvestres se encuentran por la zona, como Rosa micrantha, Rosa andegavensis o la más baja Rosa pimpinellifolia.


Rosa caesia

Rosa micrantha

Rosa andegavensis

En el entorno de la cumbre pueden verse escasos ejemplares de la mata Cotoneaster integerrimus, también presente en el cercano Pico Tres Mares.


Cotoneaster integerrimus





miércoles, 11 de septiembre de 2024

Vegetación y flora de la Montaña Palentina (4 de septiembre)

Entre los pueblos de Cardaño de Abajo y Cardaño de Arriba una senda sigue el arroyo Mazobre, que baja de la cascada del mismo nombre, situada a 1.610 metros de altitud, mientras que la ruta parte del aparcamiento existente a 1.350 metros de altitud.

El arroyo deja al calcáreo y blanquecino Espigüete, de edad carbonífera, a su derecha –nuestra izquierda durante el ascenso– y al macizo silíceo, con conglomerados y areniscas, del Pico Murcia a su izquierda.

Una sauceda de Salix cantabrica podemos ver que domina el arroyo, cuya agua puede desaparecer sobre el material calcáreo de su lecho. Más escaso es el sauce de hoja estrecha (Salix eleagnus).

La vegetación que nos encontramos en los, aproximadamente, 300 metros de desnivel de la ruta es un matorral dominado por su arbusto más elevado: el pudio (Rhamnus alpina), con ejemplares que llegan a superar cuatro metros de altura, con hojas caducas de forma bastante variable, dentadas y glabras, por ejemplo de 6,2 x 3,6 cm. Las yemas son parduzcas y de unos 8,5 mm de longitud. Frutos negros muestran ya algunos ejemplares en sus copas. De la misma familia (ramnáceas), pero mucho menos abundante en la zona, es el espino cerval (Rhamnus cathartica), arbusto espinoso.


Pudio (Rhamnus alpina)


Tres especies del género Sorbus acompañan al pudio: el mostajo (Sorbus aria), de hojas simples y blanquecinas por debajo; el serbal de cazadores (Sorbus aucuparia), de hojas compuestas imparipinnadas, de 6 pares de folíolos y uno terminal, y yemas tomentosas de 7 mm de longitud; y el serbal de Mougeot (Sorbus intermedia = Sorbus mougeotii), con hojas de lóbulos marcados y envés verde-blanquecino, las mayores de 8,5 x 6 cm y pecíolo de 2,3 cm.



Sorbus intermedia


Con los serbales hay también otros miembros de las rosáceas, como las frambuesas (Rubus idaeus), de hojas imparipinnadas con cinco folíolos. También varias especies de rosales o escaramujos, algunos mostrando aún alguna flor, pero la mayoría con sus típicos frutos, en los que pueden conservarse los sépalos en posición refleja o erecta: Rosa villosa tiene dos sépalos lobulados y tres enteros, pero todos glandulosos, al igual que el fruto y el pedicelo; Rosa canina, glabra, con hojas de denticulación sencilla y pedicelos sin glándulas; Rosa corymbifera, tomentosa y con pedicelos sin glándulas; y Rosa squarrosa, glabra, sin glándulas en el pedicelo y denticulación doble en los folíolos.



Rosa canina


También rosácea es la espirea (Spiraea hypericifolia), cuyas hojas tienen tres nervios principales y constituye la especie autóctona de un género con muchas especies cultivadas de origen asiático. Además, los endrinos (Prunus spinosa) y los perales silvestres (Pyrus cordata), éstos últimos con hojas de, por ejemplo, 4,2 x 3,3 cm más 1,5 cm de pecíolo.

Entre las rosáceas también hay especies herbáceas, como la Potentilla recta, representante de un género muy diverso, al igual que las especies del género Alchemilla (pies de león).

Otro arbusto abundante es el agracejo (Berberis vulgaris), de la familia berberidáceas, ahora lleno de frutos rojos comestibles y siempre protegido con sus espinas, que salen en grupos de tres. Es aquí muy frecuente, al igual que en los Picos de Europa, por sus apetencias basófilas. Cabe destacar un ejemplar encontrado en la silícea Sierra de Híjar, cerca del Pico Tresmares, a más de 2.000 metros de altitud.



Agracejo (Berberis vulgaris)


De la familia grosulariáceas, los groselleros alpinos o plumillas (Ribes alpinum) salpican el matorral, con sus hojas tri o pentalobuladas.

Los avellanos (Corylus avellana) prefieren los taludes que descienden hacia el arroyo, pero son escasos, faltando a lo largo del camino abedules y hayas, aunque estamos en la altitud del piso montano típico del hayedo. Sí se ve un hayedo en la ladera a la izquierda de la carretera antes de llegar al aparcamiento del inicio de la ruta.

Pero en la ladera izquierda del arroyo se aprecia una formación sobre el escobonal que los prismáticos nos permiten atisbar como bosquetes de roble orocantábrico (Quercus orocantabrica), con la hoja muy parecida a la del cajigo o carballo (Quercus robur).


Bosquetes de roble orocantábrico sobre el escobonal.


El llamado matorral de escobas o piornos está formado por Genista florida, la especie más alta de estas leguminosas, y Cytisus scoparius, cuyas legumbres se ponen negras al madurar, con pelos sólo en sus bordes. Ya hemos pasado la época de ver la floración amarilla de escobas y piornos, con sus flores amariposadas.

Otra leguminosa, de menor porte, Astragalus sempervirens, tiene hojas compuestas de folíolos diminutos y largas espinas bajo ellos, al igual que Ononis spinosa.



Astragalus sempervirens


Junto a las escobas es típico el brezo arbóreo (Erica arborea), con sus flores blancas de solo 4 mm de longitud, que ahora aparecen parduzcas, con la corola persistente recubriendo el fruto.

En algunos puntos, otra ericácea, la brecina (Calluna vulgaris), de hojas escamosas y flores rosadas acompaña al brezo arbóreo.

Fresnos (Fraxinus excelsior), de hojas compuestas y yemas negras, y acebos (Ilex aquifolium), de hojas espinosas perennes y frutos rojos en los individuos femeninos, completan las angiospermas leñosas vistas en la zona.

Las gimnospermas se añaden a los arbustos de la zona con las alfombras de la sabina común (Juniperus sabina), de hojas escuamiformes e imbricadas, opuestas en las ramas principales, y frutos pedunculados, aún verdes pero negros en su madurez, de 6 mm de diámetro. Su pariente, el enebro común (Juniperus communis), tiene las hojas en forma de aguja punzante, con una banda blanca, y el fruto maduro negro-azulado. Algún pequeño pino (Pinus sylvestris) llega asilvestrado a la zona (no está muy lejos el pinar albar de Velilla del río Carrión).

Volviendo a las angiospermas, nos puede resultar curioso ver los retorcidos frutos de las peonías (Paeonia officinalis).



Frutos de Paeonia officinalis


Entre las especies rupícolas se encuentra Sedum sediforme, con hojas amontonadas unas sobre otras, más o menos planas y carnosas, de 14 x 4 mm; Saxifraga canaliculata, de hojas divididas en segmentos estrechos y viscosos; Saxigraga paniculata, de hojas dentadas con puntos blancos, que suponen una secreción de calcio; Erodium glandulosum, con dos pétalos de diferente color a los otros tres; y Centranthus lecoqii, de flores rosas tubulares con un único estambre.



Erodium glandulosum


Centranthus lecoqii, con el Espigüete detrás.


Cuando aparece una pradera, el suelo se llena de las flores de seis tépalos rosas y libres, que salen directamente de un bulbo, de la Merendera montana; poseen tres estilos y seis estambres, de anteras más largas que sus filamentos. Esta especie pertenece a la familia colchicáceas, una de las segregadas de la antigua familia de las liliáceas, en la que se mantiene el Lilium martagon, de hojas verticiladas y frutos como pequeñas bombillas.

Gramíneas, como el Phleum pratense o Festuca indigesta, abundan en la zona. Más escasa es la bonita Oreochloa confusa.



Oreochloa confusa


En las zonas más pisoteadas aparece la milenrama (Achillea millefolium), de inflorescencias blancas y hojas divididas, y también la Pilosella officinarum o la Hypochaeris radicata.

Las umbelíferas están representadas por Ligusticum pyrenaeum, Heracleum sphondylium, Conopodium pyrenaeum, Pimpinella major, Pimpinella saxifraga, Seseli libanotis, Bupleurum gerardii y Eryngium campestre, este último llamado cardo corredor, aunque la mayoría de los cardos pertenecen a la familia compuestas, como Carlina vulgaris, Carduus tenuiflorus, Cirsium arvense y Cirsium eriophorum.

Las familias de los claveles (cariofiláceas) y de las berzas (crucíferas) están representadas por Silene nutans, Dianthus hyssopifolius (aquí con mayoría de individuos de flores blancas), Dianthus laricifolius, Erucastrum nasturtifolium y Hirschfeldia incana.

Una zona turbosa se asienta en la ladera calcárea, interrumpiendo el escobonal, con Salix triandra, de hojas elípticas, serraditas, glabras, de 3,1 x 1 cm, y con estípulas, Parnassia palustris, de hoja caulinar única y abrazadora y flor blanca, Briza maxima, Carex disticha, de espiga única, Juncus effusus, Juncus inflexus, éste de médula tabicada, además de Pinguicula grandiflora, planta insectívora, y Mentha longifolia, una menta de hojas sésiles y blanquecinas por el envés.

Las mentas pertenecen a la familia de las labiadas, al igual que otras tres especies de la zona: Clinopodium vulgare, Teucrium scorodonia y Teucrium polium.

Además de especies insectívoras también hay especies parásitas, como Orobanche rapum-genistae.

Un talud húmedo, cercano ya a la cascada de Mazobre, es colonizado por Crepis lampsanoides, de hojas panduriformes, y helechos como Polystichum lonchitis, Polystichum setiferum, Dryopteris filix-mas, Asplenium trichomanes y Asplenium adiantum-nigrum.


Cascada de Mazobre 


En la zona hay también plantas venenosas, como Aconitum napellus, de la familia de las ranunculáceas, representada además por Aquilegia vulgaris, Thalictrum minus y los dos eléboros (Helleborus viridis y Helleborus foetidus).

Más de ochenta especies de plantas vasculares, que dan una idea de la biodiversidad de la zona.